29/5/15

Cuéntame, cómo te ha ido...

Esto que veis fue uno de los dormitorios del piso donde un joven matrimonio comenzaba su andadura en el Madrid de los Austrias de los años sesenta. 


Mientras las niñas fueron pequeñas, fue simplemente un dormitorio más de la casa. Después fue el dormitorio de dos hermanas.

Como el abuelo de las niñas era dorador y restaurador (¡ah! y pintor de brocha gorda que "después de la guerra había que hacer de todo") cuando las niñas se hicieron mayores le dio "otro aire" al dormitorio.  


El caso es que cuando los muebles llegaron a mi tenían este aspecto. 
No estaban mal conservados pero hacía falta un cambio.



Desde el primer momento tenía muy claro como quería transformarlos. Quería que tuvieran un acabado en blanco roto muy desgastado con algunas partes (los arcos de las camas, el sobre de la mesilla...) en madera encerada. Con esta idea muy clara comencé el trabajo. Como quería dejar la madera lo más limpia posible usé un decapante universal, otro especializado en trabajos de madera y por último cantidades industriales de lija y paciencia... porque después de levantar el barniz y la pátina, había un par de capas de ocre; debajo otras tantas de un... ¡verde!! Luego encontré blanco (que sería una imprimación, supongo) y después  de eliminar ese blanco... llegué a la madera. ¡Por fín!! 
¡GRAN ERRORRRRRR!! ¡Ya veréis porqué!






Con los muebles ya en madera le dí la primera mano del blanco roto que había elegido. 

Pinté las dos camitas, las descalzadoras y la mesilla. Y deje secar todo hasta el día siguiente. 

Cuando al día siguiente fui a ver los muebles para darle la segunda mano... todo era ROSA. La pintura absorbió el tinte que quedaba en la madera y se volvió rosa, dejé que secará y entonces apliqué una imprimación al agua (blanca, claro)... pues bien, cuando los vi al día siguiente... ¿de qué color eran? ¡ROSAS!! ¡Rosa "clarito"!!

¿Por qué? Pues porque estos muebles, en su momento, se tiñeron al agua y el tinte se había impregnado totalmente en la madera, así que por más que los decapaba y los limpiaba con disolvente o los clareaba con agua y lejía... siempre salía a la superficie el tinte caoba. 

Así que lo que hice fue dejar secar la madera totalmente, lijar y preparar la madera con una imprimación a base de poliuretano para crear una barrera entre la madera y el color a aplicar. Dejé secar dos o tres días (iba a verles a diario para ver si volvían a ser rosas), lijé con lija fina y le dí color. Por fin: blanco roto. 

Total!!!! que para cuando el blanco roto quedaba como blanco roto, los muebles ya tenían varias capas de "de todo" blanco roto "rosa", imprimación al agua "rosa" y, por fin, imprimación de poliuretano blanca...

No sé si os acordáis, después de este testamento, pero la idea inicial para el acabado de estos muebles era la de desgastar las piezas hasta dejar entre ver la madera.  Bueno, lógicamente, esa idea  hacía varias capas que estaba desechada por completo así que ¡cambio de planes!

Patiné los muebles con una pátina con base de óleo (poquito de siena, poquito de sombra) para dar un aspecto menos nuevo y resaltar las molduras, destacando las partes salientes y oscureciendo los recovecos, eso disimula las imperfecciones y oculta los defectos de la madera.






Y éste es el final de la historia:










¡Espero que os haya gustado el cambio!

Un besito.










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